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Por Alfredo Escande .// Artículos
La guitarra en el Uruguay

Artículo escrito en ocasión del Primer Festival Internacional de Guitarra de Montevideo Setiembre de 1996
Por Alfredo Escande
www.internet.com.uy/aescande


Hay un aspecto de la cultura contemporánea en el que nuestro país ocupa uno de los lugares de vanguardia, si no el más importante: la guitarra. No es por casualidad que en el Uruguay ha surgido una nueva escuela que desde hace varios años tiene prestigio y aceptación internacional. Hagamos un poco de historia. En el año 1937 se funda en Montevideo el Centro Guitarrístico del Uruguay, que aún hoy vive activamente, organizando ciclos de conciertos a lo largo de todo el año, y con un programa semanal exclusivo de guitarra clásica en el canal oficial de televisión que se emite ininterrumpidamente desde 1994.
La fundación del Centro Guitarrístico era una señal inequívoca de que ya en aquel entonces existía en el país una larga tradición en el culto del instrumento, reflejada no sólo en el interés que su música despertaba en los auditorios, sino también en el nivel alcanzado por los ejecutantes.

En efecto, Atilio Rapat, Abel y Agustín Carlevaro, Ramón Ayestarán, Olga Pierri, entre otros, fueron los primeros animadores de los conciertos del Centro Guitarrístico, así como Heitor Villa-Lobos y Andrés Segovia fueron algunos de sus ilustres visitantes, según consta en actas de la época. El Uruguay de esos tiempos -además de ser una tierra de brazos abiertos para tantos altos espíritus que encontraron aquí la paz y el ambiente fértil que la guerra y la intolerancia les negaban en otros lados- tenía a la guitarra como la forma de expresión musical de los más variados tipos culturales. En las vertientes más populares, seguía siendo nuestro instrumento el principal vehículo de la música de raíz campesina. Pero además había sido adoptado por los músicos de raza africana para sus milongas y candombes, y participaba en forma decisiva en el surgimiento y desarrollo del tango como música popular urbana. En lo que tiene que ver con las manifestaciones artísticas más elaboradas y académicas, los guitarristas que aquí crecieron tuvieron la influencia directa -entre otros- de los españoles Antonio J. Manjón, Francisco Callejas y Carlos García Tolsa, y del gran paraguayo Agustín Barrios (que aquí compuso mucho de lo mejor de su obra), hasta que la radicación de Andrés Segovia por casi diez años en Montevideo trasladó hacia nuestra ciudad el centro mundial de gravedad de la guitarra. Recordemos por ejemplo, que fue en Montevideo el estreno mundial del Concierto del Sur de Manuel Ponce y del Concierto en Re de Castelnuovo-Tedesco.

Era ese un momento histórico de relevancia para nuestro instrumento pues en esos años, y de la mano de Segovia, la guitarra se instalaba de una vez por todas en las grandes salas de todo el mundo, los más notorios compositores empezaban a tenerla en cuenta escribiendo obras para ella, y los sellos grabadores comenzaban a incluir guitarristas en sus ediciones discográficas. En el marco de esa rica historia de instrumentistas llegados de otras tierras y que aquí encontraron un ambiente propicio para desarrollar y difundir su arte y junto a la importante trayectoria de uruguayos triunfadores en América y Europa como Isaías Savio, Antonio Pereira Arias y Oscar Cáceres , se destaca la personalidad relevante del maestro Abel Carlevaro. Bebiendo de aquellas fuentes y de la tradición propia de los guitarristas del país, supo avanzar, cuestionando e innovando, hasta crear toda una nueva estructura técnica y pedagógica. Con ella ha abierto el camino a las nuevas generaciones de guitarristas que enaltecen el nombre del Uruguay y lo pasean por todo el mundo: Eduardo Fernández, Alvaro Pierri, Baltazar Benítez, José Fernández Bardesio, para nombrar sólo algunos de sus discípulos uruguayos internacionalmente más notorios. Por supuesto que ellos no son los únicos y es imposible mencionar a todos.

La guitarra uruguaya brilla en muchas partes del mundo también en manos que provienen de otras vertientes o sintetizan varias: Eduardo Baranzano, Betho Davezac, Jorge Oraison, Leonardo Palacios, como breve ejemplo entre los muchos que nos representan con destaque. Todos ellos, más los guitarristas y maestros que aquí en el Uruguay -desde la cátedra en la Escuela Universitaria de Música, desde los Conservatorios Municipales de todo el país o desde su estudio privado- aportan día a día sus conocimientos para ayudar a esta ininterrumpida corriente de nuevos valores, son imprescindibles para que la guitarra uruguaya ocupe un lugar tan privilegiado en el universo cultural. Aquella tan importante doble condición de Abel Carlevaro, de ser síntesis y superación de quienes lo precedieron, así como maestro y guía de los guitarristas de hoy, lo convierte en la figura más representativa de la guitarra uruguaya. Y como Carlevaro vive aquí, en Montevideo, muchos ojos del mundo de la guitarra se vuelven hacia nuestra ciudad.

Todos los años nos visitan estudiantes avanzados y guitarristas ya profesionales que se instalan en nuestra capital por períodos más o menos largos (desde un par de semanas hasta dos años o más), provenientes de todos los países de América, de Europa (incluida España, considerada la cuna de la guitarra) y aún de China y Japón, para tomar clases con Carlevaro y así poder asimilar su nueva técnica. Montevideo, su ciudad natal, y aquella que nuestro Maestro ha preferido para vivir pese a innumerables ofrecimientos del exterior, se honra al afirmar que la nueva escuela guitarrística creada por él, reconocida internacionalmente, pertenece a su patrimonio cultural más entrañable.


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