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Por Rafael Serrallet .// Artículos
Un desconocido concierto para guitarra

Existe una gran cantidad de música para guitarra todavía desconocida en el repertorio. Muchas de estas partituras esperan ser rescatadas del olvido para ser de nuevo programadas e interpretadas y recuperar un lugar en la historia de la música, que sin duda merecen. Las circunstancias, a veces imprescindibles, han hecho que algunos trabajos merecedores de estos reconocimientos, todavía hoy sigan siendo desconocidos para la inmensa mayoría.
Es el caso de Manuel Palau (1893-1967) que a pesar de su prolífica producción musical, es uno de los grandes desconocidos del panorama musical en nuestro país. Ese anonimato se acrecienta cuando nos referimos al mundo de la guitarra, en el que no sólo dejó una interesante colección de composiciones, sino que además nos legó un magnífico concierto, prácticamente olvidado del repertorio y que apenas se ha interpretado desde su composición. El Concierto Levantino nace a la sombra del que será siempre uno de sus principales referentes: el Concierto de Aranjuez.

El concierto de Rodrigo se convierte en una referencia, pero también en su más dura competencia (en realidad de la de todos los conciertos para guitarra y orquesta). La inusitada guitarra orquestal, que inspiró a Manuel Palau su concierto, era una modalidad poco extendida en el momento de la composición de la obra de Palau. Abordar una combinación musical tan atrevida no era muy común. Los precedentes a la obra palaviana, a excepción del archiconocido Aranjuez, estuvieron siempre vinculados a guitarristas-compositores y Palau se adentra en la escritura de un instrumento tan complejo como la guitarra anhelando conseguir una obra de referencia. Palau vivió algunos de los momentos más dulces y más amargos del arte en nuestro país.

A la fortuna de ser contemporáneo de toda una pléyade de artistas (pintores, poetas, músicos...) y científicos que fueron un hito en todo el mundo, también se le sumó la desgracia de tener que vivir los horribles acontecimientos de la guerra civil y los horrores de una posguerra que cercenó de raíz la producción artística. Pero el valenciano compuso hasta el fin de sus días, animado por la satisfacción que el propio hecho creativo le reportaba. Palau se mirará en el espejo musical francés, del que encontrará algunos de sus referentes más importantes. Las corrientes artísticas que coexisten en aquella primera mitad del siglo XX, influenciarán en mayor o menor medida a la música del compositor valenciano. Un paseo por algunas de las características de esos estilos de los que bebió Palau, nos acercarán a la realidad musical que vive Europa en ese período.


 


Pero sin duda, uno de los elementos que marcará de forma definitiva su música, será el del folclore valenciano. Originario de Alfara del Patriarca, una pequeña localidad de la huerta valenciana, la música sencilla del pueblo será su fuente constante de inspiración. Recreando los temas populares o inventando melodías que rezuman aroma popular, Palau intenta colorear su música con el sabor de la música de su tierra, dotándola de una peculiaridad propia que la diferencia del resto de músicas españolistas (tan a menudo con vistas al sur) que ya venían prodigándose desde finales del siglo XIX. El Concierto Levantino es un gran desconocido del catálogo palaviano, sin embargo se erige como una de sus obras más ambiciosas, a la que dedicó mucho tiempo y en la que invirtió muchas ilusiones.

Dedicado inicialmente a Regino Sainz de la Maza, fue estrenada finalmente en Madrid en 1949 por Narciso Yepes y la Orquesta Nacional de España. Años más tarde, revisaría el trabajo, realizando cambios importantes en el primer movimiento, que se estrenaron en Valencia en 1954 por Manuel Cubedo y que quedaron reflejados en la única grabación existente, datada en 1959 con Yepes y la ONE de nuevo. Narciso Yepes es uno de los protagonistas del concierto. A pesar de sufrir la incómoda rivalidad de un guitarrista excepcional, pero lleno de prejuicios y manías, como era Andrés Segovia, el murciano logró convertirse en una de las grandes figuras de la guitarra mundial, gracias a su tesón y a su personalidad. Bien patente quedará ésta en el concierto, donde su firma está impresa de manera latente.

Sin embargo parte del mérito atribuido a Yepes sobre el Levantino se debe a otro guitarrista, un desconocido y jovencísimo Manuel Cubedo que ayudó al maestro Palau a rehacer todas aquellas partes de las que no estuvo satisfecho y que fue relegado a un discretísimo segundo plano, siéndole negados el agradecimiento y el reconocimiento. Manuel Palau pretende dotar a esta composición, de un ansiado color levantino, en un momento en que todo lo pintoresquista y españolista se encuentra tan de moda. Palau tuvo complicaciones a la hora de enfrentarse al concierto para guitarra y orquesta, una una combinación instrumental poco frecuente y fue esa una de las razones que hicieron que una obra y un músico pasaran a ser olvidados. Por ello desde estas líneas pretendemos rendir un sentido homenaje y mostrar el reconocimiento que corresponde a un compositor que nos regaló una obra maestra, que permanece dormida y que confiamos pueda muy pronto ser devuelta al repertorio de los concertistas.


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