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| Adrián
Iaies |
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Pianista,
compositor y arreglador, nacido en Bs. As. Una prolífica tarea (siete
discos en menos de cinco años) y su particular acercamiento al tango
y a otras formas de la música popular argentina desde una estética
claramente jazzística le han valido numerosos halagos, dentro y fuera
de la Argentina. Nominado tres veces a los premios Grammy latinos
por sus discos "Las Tardecitas de Minton´s" (2000), "Tango reflections"
(2002) y "Las cosas tienen movimiento" (2003).
Se
hizo acreedor al premio Clarín al "mejor músico de jazz del
2002" y los críticos de la revista española Cuadernos De Jazz votaron
a "Las tardecitas de Minton´s" y "Tango reflections" entre los discos
del año.
El primero fué,
además, un suceso en ventas para un disco de jazz en Argentina. Luego
de las presentaciones de su último disco Nocturna en La Trastienda
charlamos acerca de su vida: la música.
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Contame
de tus comienzos con la música.
Empecé con el piano de muy chico, ya que mi vieja es pianista y había
un piano en mi casa. Además, no tenía muchas opciones como ahora puede
tener un pibe: tiene la tele con veinte mil canales, internet... En
esa época era tocar el piano, jugar al fútbol y la tele... que tenía
cuatro canales. Por lo cual era mas fácil que un pibe, si tenía
un instrumento en su casa, se tire a tocar. Para mi empezó como un
juego, pero a los cinco o seis años ya me sentaron rigurosamente frente
al piano y me obligaban a estudiar.
¿Y te enseñaba tu madre?
Estuve muy poco estudiando con ella , me enseñó lo básico.
Luego me derivó con una alumna de ella y después empecé a estudiar
directamente con profesores más grossos. Te estoy hablando
de cuando yo ya tenía ocho años. Mi vieja me sentaba frente
al piano y me obligaba a tocar una cantidad de tiempo por día, algo
que no solo se lo agradezco sino que creo que está bien. Me
parece que hay que hacer eso cuando creés que tu hijo tiene
algún talento, alguna habilidad o facilidad. Así que ni siquiera lo
cuento como algo traumático. A los cinco años me echaban a la calle
a jugar a la pelota para que no sea un bicho raro sentado todo el
día al piano. A los trece años ya había estudiado armonía clásica,
y a los quince años comencé a estudiar composición y orquestación
con Manolo Juárez.
¿Nunca fuíste a un conservatorio?
No, nunca, un poco por influencia de mi vieja, ya que ella sí
es recibida del conservatorio y justamente por eso no quería que yo
fuera a uno. Algo que le agradezco. Paralelamente al estudio, yo siempre
toqué en grupos, desde los once años, y hoy como músico me
parece que es una experiencia imprescindible para cualquier pibe que
empieza a tocar, sin importar la música que haga.
La experiencia social, la cosa de juntarse a tocar, es importantísima.
En ese momento era mi vida tocar en bandas de rock. Recuerdo que me
habían regalado un órgano berreta y después un Yamaha YC 20 que muchos
años después, cuando ya no lo tenía, me agarró un ataque
de orgullo al leer en un disco de Return To Forever, que Chick Corea
usaba uno.
¿Cuándo comenzaste a trabajar profesionalmente?
Empecé a laburar profesionalmente a los diecisiete años con cantantes
melódicos. Había mucho trabajo por el interior, bailes y clubes. La
primera vez que me pagaron por tocar fue con Manuela Bravo.
Y el jazz ¿cuando lo descubriste?
En la casa de Manolo escuché por primera vez a Bill Evans,
Jarrett, Miles. Y no solo que los descubrí sino que analizábamos sus
partituras, arreglos y ahí empecé a estudiar armonía moderna. De todos
modos paralelamente a eso escuchaba otras músicas como la Mahavishnu,
Génesis, Yes, Return to forever...
¿Y el tango?
Es lo último que descubro. Empecé a trabajar con el tango mucho
más de grande, o sea, empiezo a la edad que se empieza con
el tango, que es alrededor de los treinta; es un clásico y hay una
frase sobre eso “el tango te espera”. Recuerdo una nota que le hicieron
a Pugliese, en la que cuando el periodista le comenta que los jóvenes
no escuchan tango, él le contestó: "No importa, los espero
a los treinta". Para mí, el tango empezó como un juego
cuando estudiaba en mi casa. Así como podía tocar un standard, también
me gustaba tocar algún tango.
¿En forma tradicional?
No yo nunca toqué algo en forma tradicional, prácticamente
no sé cómo se tocan las cosas de un modo tradicional,
y además porque nunca estudié de un modo tradicional. Yo no
aprendí a tocar standards en escuelas de jazz, por lo que no toco
un standard de una forma muy tradicional. Nunca estudié con
ningún libro del método de Berklee. Y con respecto al tango, nunca
toqué acompañando cantantes, ni en un contexto tanguero, ni
en una orquesta típica. Todo eso es algo que hoy lo agradezco , porque
me doy cuenta de que tengo un acercamiento al tango no tradicional,
no esquemático.
En el año ´86 armé una banda que se llamo Touch, en la
cual tocaban Sebastián Peyceré, Ernesto Dimitruk, Oscar Feldman y
Carlos Madariaga y ya en esa época, cuando tocábamos en un lugar donde
hubiese un piano, yo cerraba o habría el set tocando un tanguito y
funcionaba, porque gustaba y además a mí me gustaba hacerlo.
En un momento Touch se disolvió y comencé a tocar con mi propio nombre,
ya sea en trío, cuarteto e inclusive en quinteto. Y de a poco empecé
a escribir los arreglo para trío, Malena, Nostalgias .... En ese momento
estaban en el trío Oscar Giunta y Paco. En el ´98 grabamos el
primer disco Nostalgias y otros vicios editado por Aqua Records,
y ahí empezó todo. El disco se vendió muy bien y tuvo muy buenas críticas.
¿Como pensás los arreglos?
Pienso que cuando elegís un buen tema y el arreglo es sólido tiene
que poder soportar modificaciones, no de una nota o de dos. Si escribís
un arreglo y estás esperando que todos toquen exactamente esas
notas porque si no se te cae como un castillo de naipes, entonces
significa que el arreglo es malo. Lo que yo siempre escribo es una
línea de bajo que se la paso al bajista y al baterista. Y es más:
yo a veces toco con eso, aunque hay temas para los cuales escribo
la parte de piano, pero a veces también las voy modificando. Lo que
siempre espero es que todo el tiempo las cosas vayan cambiando. Hay
una línea básica sobre la cual se trabaja, una idea, y la verdad es
que es más fácil llevarlo a cabo que explicarlo. Cuando trabajás
con tipos que son inteligentes, ellos van a encontrarle movimiento
dentro del arreglo sin necesidad de destruirlo.
¿ Que me podés contar de
tus proyectos?
En lo profesiona,l este trío es como volver a tener un grupo, construir
una entidad donde no hay pieza que uno pueda reemplazar. Si no está
Fumero, Mainetti o yo, no tocamos. Eso es muy importante porque significa
que es algo que va a durar muchos años, somos muy amigos, nos queremos
mucho y nos da mucho placer tocar juntos. No solo es compartir escenarios
sino también viajar juntos. Es algo que me trae bastante trabajo porque
soy un poco el productor y siempre estoy generando ideas nuevas. Por
ejemplo, los conciertos de la Trastienda se grabaron y vamos a editar
un disco y DVD en vivo por lo cual tengo un gran trabajo de mezcla
y edición. Por suerte tengo un gran apoyo de la compañía discográfica
EMI. Por otro lado, sigo componiendo música para el trío. También
estoy haciendo conciertos a dúo con Pablo y un par de veces por año
con Liliana Herrero en un ciclo. Además viajo para dar conciertos:en
agosto estuve diez días en París tocando piano solo. Un proyecto
nuevo y muy importante en el cual estoy invirtiendo mucha energía
es la creación de un sello de jazz para la EMI, solo de artistas argentinos,
y ya en octubre salen los primeros discos. En principio están planeadas
tres tandas de cuatro discos que van a salir con distancia de seis
meses cada una. Los discos confirmados son de uno de Ricardo Cavalli
trío, uno de piano solo de Fattoruso, uno de Mariano Otero quinteto
y otro de Carlos Franzetti trío.
Un consejo
Que se rompan, que empiecen de abajo, que no se la crean, que sepan
que cuando avanzaron un paso no es nada, que se la van a pasar estudiando
y trabajando. Y sobre todo hay un vicio muy común que tenemos todos
los músicos que es creer que el mundo nos debe algo, y el mundo no
le debe nada a nadie. Algo importante es que no hay que entrar en
eso de compararse con los demás. Hay que preocuparse por buscar metas
chicas como decidirse que la semana que viene hay que tocar un poquito
más y que cada concierto suene mejor .
Y que vale la pena ser músico. La vida de músico es una buena vida:
te hacés amigos, viajás, tocás, conocés
gente, lugares y además te relacionás con la gente cuando está
en su mejor momento, que es cuando te va a ver. Y lo único que quiere
hacer es divertirse y pasarla bien.
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