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Por Sergio Valor © 2004 .// Entrevistas
 
Adrián Iaies

Pianista, compositor y arreglador, nacido en Bs. As. Una prolífica tarea (siete discos en menos de cinco años) y su particular acercamiento al tango y a otras formas de la música popular argentina desde una estética claramente jazzística le han valido numerosos halagos, dentro y fuera de la Argentina. Nominado tres veces a los premios Grammy latinos por sus discos "Las Tardecitas de Minton´s" (2000), "Tango reflections" (2002) y "Las cosas tienen movimiento" (2003). Se hizo acreedor al premio Clarín al "mejor músico de jazz del 2002" y los críticos de la revista española Cuadernos De Jazz votaron a "Las tardecitas de Minton´s" y "Tango reflections" entre los discos del año. El primero fué, además, un suceso en ventas para un disco de jazz en Argentina. Luego de las presentaciones de su último disco Nocturna en La Trastienda charlamos acerca de su vida: la música.

Contame de tus comienzos con la música.
Empecé con el piano de muy chico, ya que mi vieja es pianista y había un piano en mi casa. Además, no tenía muchas opciones como ahora puede tener un pibe: tiene la tele con veinte mil canales, internet... En esa época era tocar el piano, jugar al fútbol y la tele... que tenía cuatro canales. Por lo cual era mas fácil que un pibe, si tenía un instrumento en su casa, se tire a tocar. Para mi empezó como un juego, pero a los cinco o seis años ya me sentaron rigurosamente frente al piano y me obligaban a estudiar.

¿Y te enseñaba tu madre?
Estuve muy poco estudiando con ella , me enseñó lo básico. Luego me derivó con una alumna de ella y después empecé a estudiar directamente con profesores más grossos. Te estoy hablando de cuando yo ya tenía ocho años. Mi vieja me sentaba frente al piano y me obligaba a tocar una cantidad de tiempo por día, algo que no solo se lo agradezco sino que creo que está bien. Me parece que hay que hacer eso cuando creés que tu hijo tiene algún talento, alguna habilidad o facilidad. Así que ni siquiera lo cuento como algo traumático. A los cinco años me echaban a la calle a jugar a la pelota para que no sea un bicho raro sentado todo el día al piano. A los trece años ya había estudiado armonía clásica, y a los quince años comencé a estudiar composición y orquestación con Manolo Juárez.

¿Nunca fuíste a un conservatorio?
No, nunca, un poco por influencia de mi vieja, ya que ella sí es recibida del conservatorio y justamente por eso no quería que yo fuera a uno. Algo que le agradezco. Paralelamente al estudio, yo siempre toqué en grupos, desde los once años, y hoy como músico me parece que es una experiencia imprescindible para cualquier pibe que empieza a tocar, sin importar la música que haga.
La experiencia social, la cosa de juntarse a tocar, es importantísima. En ese momento era mi vida tocar en bandas de rock. Recuerdo que me habían regalado un órgano berreta y después un Yamaha YC 20 que muchos años después, cuando ya no lo tenía, me agarró un ataque de orgullo al leer en un disco de Return To Forever, que Chick Corea usaba uno.

¿Cuándo comenzaste a trabajar profesionalmente?
Empecé a laburar profesionalmente a los diecisiete años con cantantes melódicos. Había mucho trabajo por el interior, bailes y clubes. La primera vez que me pagaron por tocar fue con Manuela Bravo.

Y el jazz ¿cuando lo descubriste?
En la casa de Manolo escuché por primera vez a Bill Evans, Jarrett, Miles. Y no solo que los descubrí sino que analizábamos sus partituras, arreglos y ahí empecé a estudiar armonía moderna. De todos modos paralelamente a eso escuchaba otras músicas como la Mahavishnu, Génesis, Yes, Return to forever...

¿Y el tango?
Es lo último que descubro. Empecé a trabajar con el tango mucho más de grande, o sea, empiezo a la edad que se empieza con el tango, que es alrededor de los treinta; es un clásico y hay una frase sobre eso “el tango te espera”. Recuerdo una nota que le hicieron a Pugliese, en la que cuando el periodista le comenta que los jóvenes no escuchan tango, él le contestó: "No importa, los espero a los treinta". Para mí, el tango empezó como un juego cuando estudiaba en mi casa. Así como podía tocar un standard, también me gustaba tocar algún tango.

¿En forma tradicional?
No yo nunca toqué algo en forma tradicional, prácticamente no sé cómo se tocan las cosas de un modo tradicional, y además porque nunca estudié de un modo tradicional. Yo no aprendí a tocar standards en escuelas de jazz, por lo que no toco un standard de una forma muy tradicional. Nunca estudié con ningún libro del método de Berklee. Y con respecto al tango, nunca toqué acompañando cantantes, ni en un contexto tanguero, ni en una orquesta típica. Todo eso es algo que hoy lo agradezco , porque me doy cuenta de que tengo un acercamiento al tango no tradicional, no esquemático.
En el año ´86 armé una banda que se llamo Touch, en la cual tocaban Sebastián Peyceré, Ernesto Dimitruk, Oscar Feldman y Carlos Madariaga y ya en esa época, cuando tocábamos en un lugar donde hubiese un piano, yo cerraba o habría el set tocando un tanguito y funcionaba, porque gustaba y además a mí me gustaba hacerlo. En un momento Touch se disolvió y comencé a tocar con mi propio nombre, ya sea en trío, cuarteto e inclusive en quinteto. Y de a poco empecé a escribir los arreglo para trío, Malena, Nostalgias .... En ese momento estaban en el trío Oscar Giunta y Paco. En el ´98 grabamos el primer disco Nostalgias y otros vicios editado por Aqua Records, y ahí empezó todo. El disco se vendió muy bien y tuvo muy buenas críticas.

¿Como pensás los arreglos?
Pienso que cuando elegís un buen tema y el arreglo es sólido tiene que poder soportar modificaciones, no de una nota o de dos. Si escribís un arreglo y estás esperando que todos toquen exactamente esas notas porque si no se te cae como un castillo de naipes, entonces significa que el arreglo es malo. Lo que yo siempre escribo es una línea de bajo que se la paso al bajista y al baterista. Y es más: yo a veces toco con eso, aunque hay temas para los cuales escribo la parte de piano, pero a veces también las voy modificando. Lo que siempre espero es que todo el tiempo las cosas vayan cambiando. Hay una línea básica sobre la cual se trabaja, una idea, y la verdad es que es más fácil llevarlo a cabo que explicarlo. Cuando trabajás con tipos que son inteligentes, ellos van a encontrarle movimiento dentro del arreglo sin necesidad de destruirlo.

¿ Que me podés contar de tus proyectos?
En lo profesiona,l este trío es como volver a tener un grupo, construir una entidad donde no hay pieza que uno pueda reemplazar. Si no está Fumero, Mainetti o yo, no tocamos. Eso es muy importante porque significa que es algo que va a durar muchos años, somos muy amigos, nos queremos mucho y nos da mucho placer tocar juntos. No solo es compartir escenarios sino también viajar juntos. Es algo que me trae bastante trabajo porque soy un poco el productor y siempre estoy generando ideas nuevas. Por ejemplo, los conciertos de la Trastienda se grabaron y vamos a editar un disco y DVD en vivo por lo cual tengo un gran trabajo de mezcla y edición. Por suerte tengo un gran apoyo de la compañía discográfica EMI. Por otro lado, sigo componiendo música para el trío. También estoy haciendo conciertos a dúo con Pablo y un par de veces por año con Liliana Herrero en un ciclo. Además viajo para dar conciertos:en agosto estuve diez días en París tocando piano solo. Un proyecto nuevo y muy importante en el cual estoy invirtiendo mucha energía es la creación de un sello de jazz para la EMI, solo de artistas argentinos, y ya en octubre salen los primeros discos. En principio están planeadas tres tandas de cuatro discos que van a salir con distancia de seis meses cada una. Los discos confirmados son de uno de Ricardo Cavalli trío, uno de piano solo de Fattoruso, uno de Mariano Otero quinteto y otro de Carlos Franzetti trío.

Un consejo
Que se rompan, que empiecen de abajo, que no se la crean, que sepan que cuando avanzaron un paso no es nada, que se la van a pasar estudiando y trabajando. Y sobre todo hay un vicio muy común que tenemos todos los músicos que es creer que el mundo nos debe algo, y el mundo no le debe nada a nadie. Algo importante es que no hay que entrar en eso de compararse con los demás. Hay que preocuparse por buscar metas chicas como decidirse que la semana que viene hay que tocar un poquito más y que cada concierto suene mejor .
Y que vale la pena ser músico. La vida de músico es una buena vida: te hacés amigos, viajás, tocás, conocés gente, lugares y además te relacionás con la gente cuando está en su mejor momento, que es cuando te va a ver. Y lo único que quiere hacer es divertirse y pasarla bien.

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