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Por Sergio Valor © 2003 .// Entrevistas
 
Eduardo Isaac

Guitarrista Argentino de excepción, en 1978 obtiene el primer premio en el concurso nacional de guitarras Fundación Gillette, lo que le posibilita grabar su 1er. disco y comenzar una intensa actividad artística. Obtuvo el 1er. premio en el Concurso Internacional "Infanta Cristina" de Madrid, en el Concurso Internacional "Andrés Segovia" de Palma de Mallorca, en el Concurso Internacional "Le Printemps de la Guitare", y el Concurso Internacional de Porto Alegre (Brasil). Realizó más de 30 giras de conciertos, presentándose en New York, Los Angeles, Montreal, Tokio, Osaka, Taipei, La Habana, Río de Janeiro, Buenos Aires, Madrid, París, Lyon, Bruselas, Bonn, Munich, Viena, Nápoles, Porto, etc. Forma con el prestigioso bandoneonista Daniel Binelli un dúo que desarrolla el lenguaje del tango en sus diferentes vertientes. Graba con regularidad para el sello GHA RECORDS (Bruselas).

¿Cuándo comenzaste a tocar la guitarra?
Tuve la suerte de que mi madre tuvo la iniciativa de mandarme al Conservatorio de Paraná a los siete años. Haber elegido la guitarra y no otro instrumento fue algo fortuito, ya que un tío mío tenía una guitarrita como para mí. Porque haber estudiado piano hubiera sido imposible, por los costos que implicaba. Con el paso de los años, tampoco puedo afirmar que estuviera especialmente incentivado por la música, era como una tarea más, que me la tomaba con mucha responsabilidad. Pero tuve otro golpe de suerte: a los diez años tuve como profesor a Walter Heinze, un notable músico y de un intelecto muy fuerte, cosa que me produjo gran admiración. Él había hecho sus estudios en la Universidad de Santa Fé con Martínez Zárate, máximo exponente de la escuela guitarrística más fuerte en la Argentina. Luego, alrededor de los dieciocho años, en la etapa en que uno pasa de la secundaria a la universidad y tiene que elegir el camino a seguir, no sabía muy bien qué hacer porque yo era hijo único, de una familia de muy escasos recursos, y la primera pregunta era cómo vivir de la música. Así que estudié por dos años Ingeniería.

¿Toda la carrera la hiciste en el Conservatorio?
Si, era una época en la que el Conservatorio se manejaba con una libertad tal y yo, por haber empezado desde muy pequeño, a los diecisiete años ya tuve mi título. Cuando tenía diecinueve años tuve otro golpe de suerte al escuchar a Miguel Angel Girollet, un guitarrista argentino realmente de gran nivel, que había obtenido un premio en el concurso de París (en esa época, el más importante del mundo) y lamentablemente muerto joven hace ya unos años. El dió un concierto en Paraná, y escucharlo fue un golpe muy fuerte que me sacó todas las dudas. Fue un descubrimiento tremendo. A partir de ese momento me propuse poner toda la carne al asador para ser un músico y vivir de la música.
En 1978, a los veintidós años, gané un concurso muy importante en Argentina, auspiciado por la Fundación Gillette. A raíz de esto, hice un disco, una gira y empecé a ser conocido en el ámbito de Buenos Aires. Luego comencé a viajar para hacer concursos fuera del país, y a los veinticinco años obtuve premios en Venezuela, Chile, y Brasil (Porto Alegre). Yo pienso que uno tiene que mostrarse, tiene que tratar de estar donde pasan cosas. Hoy en día está muy difícil, pero por todos los medios uno tiene que tratar de trabajar para afuera. El siguiente golpe de suerte que tuve, fue ganar el concurso VILLA-LOBOS de Porto Alegre. Entre el público se encontraba escuchando un organizador de cursos de Francia, que quedó muy entusiasmado con mi audición, y me terminó contratando para tocar y dar clases en su país. Así que éste, que fue mi primer viaje a Europa, fue con contrato y además viajé junto a Martínez Zárate y Abel Carlevaro. Esto me hizo ver cómo eran las cosas afuera. Me informé sobre los mecanismos, y volví a los pocos meses para intervenir en un concurso importantísimo (“Infanta Cristina” en Madrid) y lo gané.

¿Qué tipo de repertorio hiciste en ese concurso?
El repertorio era el standard de la guitarra clásica (clásicos, barrocos, segovianos, Brower). El mismo que mostraba en los otros concursos. Uno no puede jugar a hacerse el original, ya que hay obras impuestas.

¿Qué otros concursos ganaste?
Gané dos concursos más: el Andrés Segovia, en Palma de Mallorca y el de Bélgica, que hoy por hoy sigue siendo uno de los concursos más fuertes. En él se presentan cada año alrededor de cien guitarristas del mundo entero. En el año que yo gané se habían presentado 86 guitarristas de 26 países. El día de la final del concurso toqué con la orquesta nacional de Bélgica y entre el público se encontraba la directora artística de un sello de Bélgica, especializado en guitarra.

¿Es el sello en el que estás actualmente?
Claro, es el sello GHA. Es un sello donde tienen discos David Russel, el dúo Assad, el cuarteto de Los Ángeles y gran parte de los guitarristas de más fama. En enero de 1990 hice mi primer disco para ellos, y ahora voy por el número once. Hice ocho discos solo y otros con orquesta, grabando con Leo Brower. Este año viajo a Europa por séptima vez con una gira presentando un disco nuevo. Estoy muy contento de poder generar el movimiento que tengo, y que me incentiva a seguir pensando en nuevos repertorios y además el sello me da la libertad de poder grabar lo que yo quiero, así que a partir del cuarto disco ya fuí perfilando un repertorio propio y muy fuerte.

¿Con arreglos tuyos?
La propia actividad me llevó a hacer un disco con arreglos solo. Por darte un ejemplo, en quince días viajo para grabar un disco de adaptaciones de jazz, con obras de Keith Jarrett, Bill Evans y Miles Davis. Va a ser muy interesante, porque haré un trabajo de dúo junto a Badi Assad (hermana del dúo Assad), cantante y guitarrista excepcional de Brasil, de un talento y una voz increíbles. Ella va a hacer improvisaciones vocales sobre ciertos pasajes de los temas.

La parte de armonía ¿La estudiaste en el Conservatorio?

Sí, aunque en la formación integral tengo mucho de autodidacta. Tuve que ir probando con la práctica y, fundamentalmente, con autocrítica.

¿Cómo es tu método personal de estudio?

Cuando yo era pibe, a los dieciocho años, estudiaba muchas horas diarias, y el hecho de organizar una obra o de analizarla era como una toma de base en lo técnico, musical o de raciocinio. Cuando uno tiene ya una base sólida lo ve desde el punto de vista de la mecánica. Por eso, hoy en día, si se da el caso de que no pueda tocar guitarra por dos meses, yo sé que en cuatro días puedo recuperarme y seguir con el repertorio que venía tocando. Pero no es que uno tenga que hacer el sacrificio hasta que se muera. En mi caso, es que yo cada vez soy mas ambicioso con el repertorio. Estoy haciendo cosas cada vez más complejas desde todo punto de vista (mecánico, expresivo, formal) y por lo tanto tengo que seguir dándole duro. Poder montar un repertorio como el que he mostrado ayer en el concierto, donde mezclo desde una transcripción de una Suite de Haendel para clave, pasando por Bach, hasta una adaptación de treinta minutos de un tema de Jarrett, lleva horas y horas.

¿Por qué este repertorio?

Simplemente pienso que todavía hay ámbitos de la música que no han sido explorados por la guitarra. Lo que yo hago con Davis o Jarrett, no es la concepción de un guitarrista de jazz, improvisación en línea o de acordes, sino que hay un trabajo armónico distinto y creo que es algo nuevo.

¿Cómo ves la enseñanza de la música en Argentina?
Yo creo que está muy bien, por el solo hecho de que un individuo pueda acceder gratuitamente a estudiar música, cosa que no pasa en otras parte del mundo. Las posibilidades que tiene alguien de formarse en un sitio que lo contiene es formidable. El músico en ciernes, en Argentina, se tiene que dar cuenta que la tiene muy fácil. En los conservatorios, desde hace varios años, hay conciencia de la necesidad de mezclar la formación clásica con el folclore, el tango y la música sudamericana. Mas allá de que la calidad de la enseñanza no es homogénea, porque depende de las individualidades, creo que en general las posibilidades son muchas y lo demuestra el solo hecho de ver que hay un conservatorio en cada ciudad. Yo pienso que quienes critican los conservatorios porque tienen sistemas muy rígidos de enseñanza, tendrían que tratar de cambiarlos desde adentro.

¿Creés que te influye estar abierto a escuchar otras músicas al momento de arreglar o interpretar una obra?
El prejuicio siempre está, pero uno tiene que partir de la amplitud de criterio y el gusto por la diversidad, que es lo que te lleva a ser curioso en este mundo tan lleno de información. Yo siempre tengo curiosidad por enterarme cómo son las cosas, y luego analizo para ver si realmente me gusta o no. Si uno piensa que la guitarra es solo Giuliani, Brower y Villalobos, obviamente vive mucho mas cómodo porque su mundo es muy acotado, muy simple. A medida que uno va captando información de todo tipo, se van generando las necesidades. Es un poco como la pérdida de la inocencia. Cuando perdiste la inocencia, accedes por curiosidad a otro tipo de información y te das cuenta que el mundo es ancho y ajeno. Esto te lleva a decir: “yo quiero más, otras cosas diferentes”. Así se me ha venido abriendo el panorama de lo que empezó siendo sólo guitarra clásica. Ahora, al tomar influencia de todo el abanico de posibilidades, mi repertorio es más grande y prácticamente se ha borrado la línea entre guitarra clásica o erudita y popular. Tengo claro desde hace años que la guitarra es una sola y que todo depende de los niveles de calidad y compromiso de trabajo que el músico toma. La calidad no tiene que ver con el estilo o con el lenguaje, sino con lo que el músico tiene para dar y su compromiso de trabajo. Por ejemplo, hacer Jarret fue un trabajo que hasta ahora me ha llevado cuatro años.

Algún consejo...
No hay nada que pueda dar sus frutos si no se hace con método. Y no tomemos el ejemplo de los guitarristas que sin saber leer una nota son unos monstruos porque esos son la excepción que confirma la regla. Nunca hay que perder la soltura ni la cosa fresca. Yo abogo por un espíritu libre y curioso, pero esto no significa que no sepa muy bien que solamente a través del método se llega a algo.




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