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Por Sergio Valor © 2004 .// Entrevistas
 
Raúl Barboza

Raúl Barboza es un músico que ha llevado el chamamé con su acordeón al mundo. Ha compartido escenarios con gente de la talla de Paco de Lucía o Peter Gabriel. Vive actualmente en Francia y viene ocasionalmente al país a presentarse en vivo. Nos pudimos reunir con él en una charla amena y distendida en la que tratamos de que nos cuente un poco de su vida.

¿Cómo fueron sus comienzos?
Yo empecé a los ocho años, más o menos, influenciado por mi padre, que era guitarrista y cantor. Un guitarrista "compasista", o sea de acompañamiento. Él hacía base rítmica, era muy bueno en éso, lo que es muy importante en el chamamé. Como dije antes, también era cantor: cantaba en guaraní y en castellano canciones correntinas y canciones paraguayas.

Entonces usted estuvo rodeado de música como algo natural ¿no?
Sí, mi padre era amante de la música, era un hombre refinado de la música.

¿Cómo llega el acordeón a sus manos?
Recuerdo que mi padre viene un día con el acordeón de ocho bajos; se lo había comprado a un vasco que vivía a dos cuadras de mi casa. El vasco tocaba en su casa, mi padre lo escuchó y se decidió a comprarlo... Entonces me imagino que empecé a tocar el acordeón como un juego, era un agregado a mis juegos de chico. Mis padres nunca me obligaron a utilizar la música por cualquier otra razón que no sea la del aprendizaje.

¿Tuvo algún "maestro de barrio" en esas épocas?
No. Yo aprendí solo. Tuve algunas experiencias con alguna profesora de por allí, pero nunca me sirvió... Y el mío no es el único caso. Todos los músicos populares no tienen la posibilidad, en primer lugar, de pagar a un profesor. Imagínense a una familia pobre en Santiago Del Estero pagándole a un hijo una carrera de quince años para que se reciba de "profesor de música"; y menos comprarle un bandoneón, que cuando yo era chico era tan caro como ahora... Por eso en el Litoral, se nos compraba el acordeoncito de dos hileras porque era barato; es la llamada "verdulera"...

O sea que nunca tuvo estudios formales...
No, y no sé porqué... En realidad sabía lo que era un Do, conocía las figuras, pero era como conocer el abecedario y después no saber cómo escribir papá. Nunca pude escribir lo que yo silbaba. Las maestras a las que tuve acceso no estaban capacitadas para enseñarle música a un chico que ya tocaba. Pienso que el método para enseñarle música a alguien que ya toca tiene que ser diferente.

Cuéntenos un poco acerca del Chamamé...
El chamamé es como cualquier música; lo que ocurre es que al principio era una música tocada por gente de campo, con una gran sensibilidad y generalmente tocada en tonos mayores... Porque en los acordeones diatónicos se podía tocar en Do mayor y después empezaron a llegar los instrumentos de tres hileras y entonces se fue evolucionando...

¿Y en lo rítmico?
A nivel rítmico, el chamamé es una música poli rítmica, hay dos escrituras diferentes, una con clave de Sol y otra con clave de Fa, como en el piano. La de clave de Sol, se puede escribir en 3/4 o en 6/8, pero la de clave de Fa (mano izquierda) se escribe en 3/4...

Cuando usted empieza a viajar con su música también empieza a tocar con otra gente, otras músicas... ¿Eso influyó en su visión del chamamé?

Obviamente, pero eso ya me pasaba desde acá... Yo escuchaba a Oscar Alemán o a Oscar Peterson, a Gardel, a Ella Fitzgerald, all "Mono" Villegas, a Hugo Díaz... Piazzolla, Rovira... Todo eso hace que mi música tenga vastas influencias, pero eso fue antes de viajar... Con la música pasa algo parecido a lo que pasa con el idioma: al principio uno habla de determinada manera y después empieza a agregar, por ejemplo, sinónimos, que hacen que uno enriquezca su vocabulario; después se aprenden otros idiomas y eso indirectamente también modifica nuestras formas...Con la música pasa lo mismo ¿no?... Igualmente pienso que nuestra música está, de alguna manera, estancada: por ejemplo, yo sigo escuchando los mismos tangos que escuchaba cuando era chico... Y con el folklore pasa algo parecido... A las composiciones nuevas se les da una cabida secundaria.

¿Cómo hacía para comunicar el estilo en Francia?

Justamente aprendí a escribir música hace algunos años por ésta cuestión... Todos los músicos que viven en Europa saben escribir y leer música (sean argentinos o no).

¿Nos puede nombrar músicos que le hayan llamado la atención, que le hayan gustado, que le hayan hecho cambiar la perspectiva de su música de alguna manera?
En principio, yo vivo cambiando las perspectivas de mi música constantemente. Les cuento algo: mi padre siempre me decía que intente como músico comprender e interpretar las rítmicas de todas las músicas... La música es un lenguaje y hay que respetarlo. Ahora hablando puntualmente de músicos, hace muy poco tuve dos momentos muy lindos: uno fue cuando toqué con el Chango Farías Gómez, que es un hombre pragmático y minucioso, con una gran capacidad de armar cosas, y que además tiene un sentido rítmico muy raro..., en realidad los santiagueños tienen un sentido muy acabado del ritmo, y él tiene ese origen (que viene de los Flamencos que se instalaron en esa región). La otra ocasión fue con Liliana Herrero: para mí (y esto ella lo sabe) ella es una cantante de jazz como Ella Fitzgerald; de repente yo me encuentro con una persona que no es sólo un cantante sino es un músico más. De hecho, en vivo respondía a figuras que yo estaba haciendo con el acordeón y me acompañaba en mis improvisaciones.

¿Cuánto de improvisación hay en sus shows?
Yo les diría que todo. Mis compañeros y yo conocemos las armonías y las melodías de los temas, entonces un tema en el que yo empecé solo la semana pasada, hoy puede empezarlo mi compañero guitarrista... Sólo basta una seña que yo le haga para que entre y él va a entrar. Él no va a estar diciendo -No tengo la parte!! ¿Qué hago? Él va a tocar. Un músico TOCA… “Le cedo la palabra, haga su discurso”. Ha pasado que a veces puedo empezar con la melodía de una canción en el instante en el que el percusionista está probando sus instrumentos, mientras también les voy dando la rítmicas a los demás y entonces van entrando de a uno... "Por la misma puerta pasamos de a uno, no se atropellen!"... No se puede poner agua en una botella todo de una vez, hay que hacerlo lentamente, para que el recipiente -el público- vaya recibiendo todo aquello que va fluyendo de los instrumentos bien de a poco. En la cabeza de la gente, se ponen en funcionamiento muchas cosas para decodificar la melodía, la tonalidad, los matices... Todo entra y todo fluye...

Para terminar, Raúl: ¿podría dar un consejo a los músicos que recién empiezan y no tanto?
La verdad es que yo no voy a dar consejos porque, en principio, no tengo la edad para dar consejos. Pero puedo dar una opinión, que es mucho mejor recibida, porque yo tengo amigos sabios de noventa años como el (Director de Orquesta) Carlos García a quien yo le consulto cosas... Él me llama pibe a mí...y él sí puede dar consejos. Mi opinión entonces, sería que cada uno trate de comunicarse, de usar a la música como un lenguaje y también que se adentre en sus raíces y no se olvide de ellas. Además, que disfruten de incorporar cosas nuevas, yo incorporé cosas nuevas a mi lenguaje y no por eso dejé mis raíces... En síntesis, no perder la identidad.




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